Torre luna, torre sol

Francisco Alonso Alonso

Los paseos por la ciudad me despertaron en la observación de la catedral, a la singularidad de las coloraciones de sus piedras, unas negras como las de la torre norte y otras rojas como las de la torre sur.

Y la imagen de estos aparentes retales de piedra en diferentes lienzos de muros, no deberían ser consecuencia de una arbitraria elección de los canteros.

Y esta curiosidad me llevó a hurgar en la simbología de los colores en los templos, hasta donde comprendí que nuestra catedral se reproduce en ellos.

Dicen los libros, que el negro es oscuridad gestadora, que reviste el vientre del mundo, que el océano es negro, que las diosas de la fertilidad son negras, que lo negro se sitúa en el norte polar del eje de trascendencia, que es caos primordial, que es la tierra, que es la raíz.

Y del rojo que es color del fuego, de la sangre, del alma, de la líbido, del corazón y de lo que se manifiesta. También la exaltación del predominio del espíritu sobre la materia.

Los zigurat y las estupas como templos precedentes utilizan estos colores en tres niveles junto con el blanco. żY habrá piedra blanca en la catedral? .

Nuevo paseo me descubrió que el tímpano y los templetes que coronan las puertas de ingreso de la catedral son de piedra blanca y se ubican entre ambas torres, en la sucesión de orden de colores negro-blanco-rojo.

Esta sucesión está en la oriflama tripartita de "la evolución" en Notre Dame y muestra la triplicidad correspondiente a los colores de "la obra", cuyo orden invariable va del negro al rojo pasando por el blanco.

Y sucede en los troncos de los árboles que hunden su raíz en la tierra negra que el agricultor estercola para que sea más negra, florece con luminosos pétalos blancos que el agricultor riega con agua cristalina para que sean más floridos y fructifican en la tintura rojiza propia de la naturaleza del sol que lo madura, como en las manzanas de reineta, que aún reclaman en calor de horno para ser manjar.

Así el tronco y la catedral permanecen en quietud, pero ambos en el proceso de vida que manifiestan.

Y la torre negra acoge a la pila bautismal y el altar de la virgen, el tímpano blanco acoge la entrada y la representación del padre y la torre roja, acoge la representación del hijo y el reloj del sol, y todo se proyecta como cotidiano acontecer familiar en el que padre, madre e hijo adoptan su posición, su evolución y su color, como la luz del día sucede a la noche y madura al atardecer, como proceso que se da en lo humano.

Así es como, hombre, tronco de árbol y catedral están posicionados frente al mundo para vegetar de la ausencia de luz a la perfección de luz, como lo hacen las semillas en la conciencia del agricultor.

Ahora cuando paseo la ciudad, necesito remirar la torre sol y la torre luna, como si cada una de sus piedras tuviera alma ojos y sonido, por si en su parlante lenguaje, un día, nos invitan a entrar.

Bibliografía:

• Diccionario de símbolos. Jean Chevalier. Herder.

• El misterio de las catedrales. Fulcanelli. Plaza & Janes.

• El enigma de la catedral de Chartres. Louis Charpentier. Plaza & Janes.