Sabiduría y conocimientos entre milenios

E. Chartres

El conocimiento y sabiduría, así como su acceso, tiene su raíz y son producto de evoluciones de culturas e instituciones anteriores. A partir del siglo XIII, se desvanecen totalmente los últimos vestigios de la antigua comprensión natural. Al Platonismo le substituye el Aristotelismo de la escolástica. Este crepúsculo de las antiguas facultades era necesario para que se desarrollara el pensamiento puramente especulativo, ligado al desarrollo de la personalidad (en detrimento de la individualidad) y a la experiencia de la libertad; todas ellas, cosas que iban a preparar el despegue de la ciencia experimenta¡ y del materialismo. De ello resulta que, hoy día, el hombre moderno se sabe artesano de su propio destino; se da cuenta de que la poderosa llamada de la libertad individual se hará efectiva únicamente a través de él. Reconoce la importancia única de la vida terrestre para el desarrollo individual y social del cuerpo, del alma y del espíritu.

El pensamiento aristotélico dirigido hacía lo sensible y el análisis, ha llegado hasta el último límite de sus posibilidades. Lo racional ha alcanzado un umbral más allá del cual se torna irracional, donde todo cálculo se vuelve aleatorio. ¿No sería acaso momento de recordar que el Aristotelismo salió del Platonismo, que emergió el pensamiento-sombra del pensamiento vivo? Sin embargo, aquí existe un riesgo: el concepto que tenemos del Platonismo es muy escolar, es engañoso, truncado. No se trata simplemente de alzar los ojos hacia las Ideas eternas y despreciar el mundo sensible.

Todo lo que se postergó para llegar donde está, es posible recuperarlo, pero sólo será posible a partir del esfuerzo personal. Antes, debe hacer frente a sus propias contradicciones de forma decidida y comprometida. La confusión de todas las imposibilidades actuales requiere planteamientos críticos en lo moral, espiritual, personal, en lo social, cultura¡ y en los procesos de sociabilización.

El hombre como ser natural es imperfecto, pero es posible una evolución que mejore esa naturaleza. A través de las propias capacidades encauzadas por los conocimientos y saberes realmente esenciales permitirán esa orientación existencia¡.

En el marco de la Naturaleza, las virtudes, presentadas como entes: Prudencia dirige el consejo. A su lado. Razón (la inteligencia) sostiene tres espejos. En el primero, ella ve las cosas creadas en su evolución, sus metamorfosis. En el segundo, son las formas puras despojadas de su materia, y como vuelven al mundo de las formas. En el tercero, hecho de oro purísimo, se revela la Idea, fuente de las, cosas, arquetipo espiritual del Ser.

El consejo de las virtudes decide acercarse a Dios, y sigue la descripción del grandioso cortejo. Cada virtud tiene su propio carro. El de Prudencia es el más bello: lo constituyen las siete hermanas celestes (las artes liberales). Su hermosura deslumbra a Minerva (el pensamiento). Gramática forma el timón del carro, la segunda la Lógica (Dialéctica), a la cual sigue la tercera hermana, Retórica, un resplandor de fuego y púrpura que alumbra con "mil piedras preciosas".

Las tres primeras hermanas, el llamado trivium, sirven para tirar del carro. Las cuatro restantes (el quadrivium) son las cuatro ruedas del carro de Prudencia. La primera rueda, Aritmética, es la imagen del espíritu. La segunda es Música; la tercera, Geometría, circunscribe el cielo, la tierra y las aguas. La cuarta rueda es Astronomía; ni grave, ni triste; el rostro entre los astros, resplandece con el oro y las gemas de sus estrellas.

Cinco caballos tiran del carro: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Mas empieza el viaje por el cielo. Primero, la región de los demonios; luego la de la Luna, de las distintas esferas con el Sol, y finalmente las Estrellas. Allí el camino se interrumpe; se asustan los caballos. Los sentidos no pueden seguir más allá, y sólo se salvará la exp edición con la llegada de Teología, la virgen resplandeciente de áurea luz. Sólo Prudencia podrá entrar en el reino del Padre, a condición de que Razón aguarde en el umbral. También necesita, para no morir de éxtasis ante los esplendores del Espíritu, un cuarto espejo que le confía Teología: el de la fe. Así puede llegar hasta Dios, quien le entrega otra alma para el hombre, Con esta intención envía su Pensamiento que va a buscar una representación en el mundo de las formas a fin de modelar una copia de ella.

Esta hermosa alegoría es la imagen viva de la transformación de las facultades humanas en sus relaciones con los principios constitutivos de la creación. La razón y los sentidos alcanzan un límite más allá del cual la virtud de Prudencia, es decir, la armonía entre todas las virtudes, debe tomar el relevo. El resplandeciente espejo de la fe que Teología confiere, es el espejo de un pensamiento hecho acto y realidad: la facultad de vivir intensamente los contenidos de la consciencia.

En la Edad Media, sólo se accedía a ello mediante la oración y el rito. Hoy día, también es posible a través la meditación, el desarrollo interior. Efectivamente, permite volver a encontrar a Razón que espera ante el umbral, conservar las adquisiciones de la ciencia e incluso ampliarlas hacia un arte de la construcción de las formas sociales. El final del primer milenio tuvo sus catedrales de piedra. En los albores del tercer milenio, debemos trabajar también en las catedrales sociales.